Monte sucio, monte limpio

La gente suele acordarse del monte en dos situaciones negativas:

  1. Cuando se produce un incendio forestal: Es cuando dice que el monte está sucio.
  2. Cuando se toman medidas paliativas contra el desempleo: Es cuando se escucha lo de los ponía a limpiar el monte.

De alguna forma, la imagen idílica del monte en nuestro imaginario es una especie de jardín arbolado donde todo está ordenado y recogido. Pero los que lo recorren saben que nada más lejos de la realidad. El monte son árboles, matorrales, herbazales, claros y marañales.

La vida se abre camino — decían en Parque Jurásico. Y eso es lo que pasa en el monte. Esa vegetación de progresión inexorable, cuando está tranquila nos gusta llamarla biodiversidad, refugio, alimento, naturaleza. Pero cuando se convierte en un problema pasa a ser suciedad.

El abandono de las practicas agrarias (agrícolas, ganaderas y forestales) tradicionales y el uso de combustibles fósiles provocan no sólo que cada vez haya más vegetación en el monte, sino que además el monte crezca y colonice nuevos espacios.

Comparativa de el estado del monte en los años 50 (izquierda) frente al estado del monte en la actualidad (derecha). Localización genérica entre Cuenca y Valencia.

Y no, la culpa no es de la vegetación, aquí no hay buenos ni malos, es sólo naturaleza, a veces cruda y a veces cocinada. Así que mejor vamos a dejar de llamarla suciedad.

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